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lunes, 12 de agosto de 2019

Albergue rural en el Valle del Jerte en familia

¿No os parece divertido vivir una especie de campamento de verano en familia con vuestros hijos? A nosotros sí, por ello nos hemos embarcado en otra aventura y nos hemos venido a un albergue rural con doce peques en el Valle del Jerte en Cáceres. Un lugar lleno de pozas naturales para el baño, excursiones divertidas y noches fresquitas.

Vistas del Valle del Jerte y el embalse de Plasencia desde el Mirador de la Memoria (EL Torno)

Tenemos la suerte de tener un grupo de amigos que son padres enrollados. En qué sentido, os preguntaréis, pues son padres a los que no les importa renunciar a determinadas comodidades para que sus peques vivan una pequeña aventura. Con ellos no dejamos de inventar, ya hemos ido varias veces de camping, nos hemos subido a los árboles con arnés, hemos improvisado una caseta de feria en el campo... Y lo último que se nos ha ocurrido es irnos todos a un albergue rural en plan campamento de verano, dónde nos han servido las comidas y hemos salido a hacer excursiones. Imaginaros vivir esta aventura en familia y además con tus amigos (tanto amigos de los padres, como amigos de los niños).


Nuestros hijos aún son muy pequeños, somos seis familias (aunque esta vez solo hemos podido viajar cinco familias) con niños de entre 4 y 8 años. Una edad en la que todavía son pequeños para irse solos de acampada. Así que nos hablaron de este plan tan divertido y nos entusiasmó, poniendo en marcha a este grupo tan ruidoso de veintiuno (nueve adultos y doce niños). Se trata de un albergue que está en el Valle del Jerte, concretamente en un pueblecito pequeño encaramado en la sierra y rodeado de cerezos, El Torno. Alberjerte, así se llama esta especie de hostel rural pequeño, que dispone de habitaciones distribuidas en dos plantas, comedor, cafetería/bar y terrazas. Las habitaciones son grandes de 4, 5, 6 y 7 camas en forma de litera, aseos compartidos (están siempre limpios) y varias zonas comunes para familias. Nosotros reservamos una habitación para cada familia (se paga por persona, niño o adulto pagan igual).




Hay espacios para compartir momentos y juegos en familia, como una buhardilla con dos sofás y televisor o una terraza con bonitas vistas para charlar y ver las estrellas al hacerse de noche.



Puedes elegir el régimen que desees: alojamiento y desayuno / media pensión / pensión completa. Nosotros elegimos media pensión (24 euros por persona y día) para así tener la libertad de movernos por la comarca por el día y no tener que regresar en el almuerzo (aunque también te hacen picnic para llevar). Nos ha parecido un acierto, ha sido comodísimo para nosotros que nos preparen el desayuno y la cena, y durante el almuerzo hemos aprovechado para probar la gastronomía local de la zona en distintos sitios. Hemos comido muy bien, en el albergue, Guadalupe la cocinera, nos ha mimado mucho y no nos ha faltado de nada. La comida era casera y estaba muy rica.

Comida del albergue


La comarca tiene rincones preciosos para disfrutar en familia. Estos fueron nuestros lugares visitados.

Día 1:
Comenzamos visitando la Playa de Benidorm, una zona de baño en pleno río Jerte. Lo hicimos a la llegada , tras el largo viaje en coche desde casa en Andalucía, antes de hacer el check in en el albergue. Nos recomendaron el restaurante Nuevo Benidorm para comer y poder bañarnos en el río, pero no lo imaginábamos tan genial, está justo a pie de río, por lo que puedes almorzar o tomar un aperitivo en su terraza (exterior o interior) mientras los peques se divertían en el agua.


Incluso preguntamos, porque vimos a la gente con sus picnic, y nos dijeron que se puede llevar comida, pedir allí las bebidas y pasar el día.



Mientras los peques se daban un bañito en el río, nosotros conversábamos tomando algo viendolos desde la terraza.

Brindis con licor de cerezas

Antes de la cena dimos un paseíto por el pueblo donde estaba el albergue en El Torno, un típico pueblo de la zona. Cogimos moras de zarza y llegamos andando hasta las piscinas naturales. Las piscinas naturales del pueblo están abandonadas y no son aptas para el baño, pero es curioso llegar hasta ellas paseando. El pueblo tiene piscina municipal, también interesante por si un día no hay ganas de excursión fuera y quereis pasar el día en el albergue.


Día 2:
Tras el desayuno fuimos al Mirador de la Memoria que está en la carretera de ascenso a El Torno. Es una obra escultórica del año 2009 dedicada a los olvidados de la Guerra Civil y la dictadura. Lo curioso de este lugar son las vistas de todo el Valle del Jerte, con el embalse de Plasencia al fondo como veis en la foto de portada del post .


Por otro lado, tiene una historia peculiar. A la semana de ser inaugurado el mirador, las cuatro figuras humanas fueron tiroteadas. Aún continúan los orificios de bala de los impactos como se puede ver en la foto, porque el autor no quiso restaurarlas ya que así pensó que se representaba mejor el simbolismo de la obra.


Tras una recomendación de los lugareños nos fuimos a pasar el día a la Playa de El Pilar o el Pilón en el pueblo de Navaconcejo. Fue una de las mejores piscinas en las que estuvimos esos días, agua clara y muchos pececitos.


Han acotado al río Jerte en la travesía por el pueblo y lo han transformado en una zona de baño con arena finita en la orilla. En las pozas de la comarca es recomendable bañarse con escarpines, por las piedras que hay en el fondo. En esta foto se aprecia la claridad del agua, con muchísimos peces alrededor (llevaros gafas de buceo, ya que los peques disfrutan mucho observando los pececillos).



Nos encantó este lugar. Los peques lo pasaron muy bien en la pequeña cascada que forma el río tras el dique de acotado.



También disfrutaron jugando en las piedritas fuera de la poza.


Almorzamos en un bar justo al lado de la zona de baño llamado Brasería Las Nogaledas. Probamos productos típicos como el cochinito cochifrito y las patatas revolconas.



Por la mañana estábamos casi solos en la playa, pero por la tarde, imagino que tras la salida del trabajo, llegó medio pueblo y se colocó con sus sillas de playa en la orilla, con música y ambiente asegurado.

Hay una ruta que parte desde esta poza llamada Ruta de las Nogaledas. Nosotros no la hicimos porque hacía mucho calor, pero es muy recomendable por lo que nos dijeron.

Día 3:
El pueblo donde estaba nuestro albergue estaba encaramado en una de las laderas del Valle del Jerte. Así que tras el desayuno nos dirigimos en coche más hacia arriba de la montaña y atravesamos a la ladera contraria. A unos siete kilómetros se encuentra el pueblo vecino, Cabezabellosa y allí nos dirigimos con vistas de excepción del Valle de Ambroz. Unos kilómetros antes de llegar al pueblo, en un apartadero de la carretera a la derecha se encuentra el Roble el Romanejo.

Así se ve el Roble Romanejo desde la carretera

Los robles de esta sierra son centenarios y son especies protegidas. El  Romanejo es un árbol de más de 500 años (si fuese una persona hubiese vivido la noticia del descubrimineot de América). Sus datos abruman, tiene una altura de 20'5 metros y un diámetro de copa de 31 metros. Se dice que bajo su copa descansaban más de mil ovejas. Los doce niños lo rodearon abrazándolo.


Al llegar a Cabezabellosa, te encuentras con otra perspectiva desde el otro lado de la montaña y unas bonitas vistas, esta vez del valle de Ambroz. Allí, aparcamos en la puerta de la iglesia de San Antonio, e hicimos un tramo del sendero de los robledales.


Los peques se refrescaron antes de empezar el sendero en la fuente pública del pueblo, jugando en los antiguos lavaderos públicos.


Nuestros peques son niños de ciudad, así que disfrutaron durante el sendero cogiendo moras de zarza, observando insectos, caballos, vacas...




Ese día teníamos planificado ir al lugar estrella de la zona, la Garganta de los Infiernos. Pero al final nos recomendaron que para pasar el día entero con niños tan pequeños es un poco complicado y es mejor planificarlo bien. Hay que dejar el coche en el parking abajo, subir andando por la ladera de la sierra unos 3,5 km (había peques a los que no veíamos preparados) y allí ya están los pilones junto a la garganta. Arriba no hay restaurante ni servicios, hay que llevar picnic lo cual no es un impedimento, pero a nosotros nos complicaba el asunto siendo un grupo tan grande. Unos todoterreno que te pueden subir arriba y bajar después por unos 10 euros, podría haber sido una opción, pero al final decidimos dejarlo para otra ocasión cuando los peques fuesen un poco más grandes y pudiesen, además de bañarse en los pilones, vadear el río.

Foto de la web de Turismo de Extremadura

Así que decidimos irnos a Cabezuela del Valle a la piscina natural La Pesquerona. Son dos piscinas con zonas acotadas en el río con arena de playa para colocar las toallas.



Elegimos esta piscina porque vimos que tenía Chiringuito justo al lado. Almorzamos allí unos chuletones de vaca deliciosos.


Por la tarde decidimos tras la merienda cambiar de escenario y nos dirigimos a Jerte, un pueblo un poco mayor que los demás. Fuimos a la Piscina Natural El Nogalón, que está muy bien para niños porque justo al lado tiene un parque junto al bar.


Ese día había actuación de un mago junto al río, así que pasamos un fin de jornada diferente contemplando los trucos de magia.


Día 4:
Sería nuestro último día en la zona, por la tarde regresaríamos a casa. Decidimos cambiar de nuevo de valle, nos dirigimos al Valle de Ambroz para visitar a una amiga en Aldeanueva del Camino. Ella había reservado para ese día una paella en un bonito lugar, el restaurante de la piscina natural de un pueblecito muy bonito, Segura de Toro. El pueblo tiene unas vistas preciosas del valle y unos bancos con unos mensajes muy alentadores durante el camino de ascenso.

"El amor es lo único que se hace grande al compartirlo"

El pueblecito es muy coqueto y tiene como principal patrimonio el toro de granito que preside su plaza principal. El Toro de Segura de Toro es del siglo V-IV antes de Cristo, de origen vetón (como los griegos y romanos llamaron a los pueblos pre románicos de cultura celta que habitaban la penúnsula). A los niños les gustó correterar alrededor del toro.


Tras el paseo fuimos a la piscina natural del pueblo a bañarnos y disfrutar de nuestra paella en su chiringuito.




Espero que os haya gustado nuestra ruta y nuestra forma de plantear un turismo diferente con amigos y compartiendo experiencias en un albergue rural. Esta zona de Cáceres es preciosa e ideal para despistar al calor en verano.

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